viernes, 30 de noviembre de 2007

Caminando a solas


Voy caminando lentamente, pisando las hojas que la lluvia ha tirado de los árboles... Rojos, marrones y amarillos se confunden con la tierra mojada.

No es una lluvia fuerte... lo suficiente para no coger el paraguas y la necesaria para que se mezclen con mis lágrimas...


No quisiera pensar, pero los pensamientos se desbordan en mi mente haciéndome daño. Hay cosas que mi corto entender no comprende...

¿Cómo se puede pasar del calor al frío de repente?... ¿Cómo la abundancia se convierte en escasez?... ¿Cómo la luz del sol se va apagando quedando sólo el reflejo de la luna?... ¿Así?... ¿Sin más?... Tiene que haber una razón pero que se escapa a este pobre corazón confundido.

Sin explicaciones... Sin palabras... Así pasé del día a la noche. Del verano al invierno. De la ilusión al desencanto...

Meto mi mano en el bolsillo e intento buscar un pañuelo. Lo encuentro pero no lo saco. Lo aprieto entre mis dedos con desesperanza, con desilusión.

La soledad me abraza haciéndome daño y aquel camino que un día estuvo lleno de rosas de Siria, hoy lo han tapizado las hojas amarillas que cayeron.

Acaricio uno de los pequeños troncos y me digo en voz muy baja: ¡ Dios mío, cuanto puede pesar el alma! ...


Malena

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Encantada


Ayer por la tarde, decidimos mi marido y yo ir al cine, así que nos dispusimos ( reconozco que con gran generosidad por su parte ) a ir a ver la última producción de la factoría Disney : Encantada.

Yo sí que iba encantada aunque con aquella postura de falsa superioridad del adulto que va a ver una película de niños.

Sacamos las entradas y entramos rápidamente pues se nos hacía tarde. La sala, para ser un lunes estaba ¿Cómo diría yo? llenita, cosa que me sorprendió en una película de este tipo.

Se apagaron las luces, me quité el abrigo y me dispuse a " tragarme" toda la publicidad. Una detrás de otra hasta que pareció que empezaba la película. Sí, empezaba, pero aquellos soldados en una guerra no creo que tuvieran que ver mucho con lo que esperábamos ver.

Sale el título y ... ¡Nos habíamos equivocado de sala!. Abrigo, bolso y carreras hasta la sala correspondiente.

Ahora sí. Aquella sí que era. En fin, una anécdota más para contar. Mi marido me miraba como diciéndome: ¡En qué follones me metes!. Una sonrisa de disculpa de niña buena, y a "arrebujarme" en la butaca.

La película se llamaba "Encantada" y la verdad es que me encantó. Mezclando seres reales con los de cuentos. La forma en como interaccionaban los dos mundos... todo me encantó.

Ya sé que nada de aquello podía ser verdad, pero Malena se hizo una niña que creía a pies juntillas todo lo que estaba pasando.

Nada era imposible en esa historia y me sorprendí gratamente de que a estas alturas de la vida, todavía fuera capaz de creer en los cuentos.

De pensar que aún queda en mí un poco de inocencia que la vida no me ha arrebatado. Me hice la protagonista y canté y bailé con ella. Me olvidé de que estaba en un cine y soñaba con principes y me aterrorizaba la madrastra.

En una de las veces y como estaba cogida de la mano de mi marido, sé que le sonreí como diciéndole: Gracias por haber venido conmigo.


Terminó la película como deben de acabar los cuentos de hadas, y yo, le di gracias a Dios por permitir que a pesar de los coscorrones que me ha pegado la vida, siga teniendo todavía un rincón en mi corazón donde siguen existiendo los sueños y donde todavía creo que todo lo bueno puede ser posible.


Malena

lunes, 26 de noviembre de 2007

Hablándole al silencio.


Sé que todo el mundo piensa que sólo existe un silencio, el silencio. Pero permitidme que os diga que no comparto esa idea. Sé que al igual que existen el Yin y el Yang, también hay dos clases de silencio y si no es así, permitidme la licencia de que yo, al menos, así lo crea.

Hay un silencio que necesitamos a veces para nuestro equilibrio emocional. Un silencio que nos arropa y que puede servir de decorado para situaciones agradables, o simplemente para mecer nuestros pensamientos. Éste sería el silencio Yang.


Pero hay otro que nos puede crear
situaciones no placenteras. Que nos puede pesar como una losa y del que intentamos salir a toda costa.

Es a éste al que quiero hablar. Así, en primera persona. De tú a tú. Cómo a un viejo conocido. Le quiero hablar al Silencio.

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Sé que estás aquí. Por eso te pido que hablemos como dos amigos, si es que en realidad, alguna vez lo fuimos.

¿Cómo es posible que apagues las voces que claman, las voces que piden un refugio para sus almas, para sus sentimientos?

Te amparas en un mal entendido sentido del respeto. ¿Respeto es ignorar los sentimientos de los seres que te rodean?. No es respeto. Es levantar una muralla para que no se acerque a tí nadie, para que no rompan el reino que para tí creaste.

Callas el ruido del mar cuando apareces. Ni las aves, ni ningún ser viviente se atreve a alzarse en tu presencia.

Desprecias la debilidad del ser humano. Lo acallas y lo ignoras. Son voces que intentan alzarse hasta tí pidiendo que las escuches, que las comprendas, olvidando que tú reinas en el silencio.

Te aislas. En tu mundo no existen ni flores, ni pájaros, ni cometas. Y las estrellas están lejanas y para tí no brillaron en ningún momento.


No hay nada.Nada porque mataste cualquier atisbo de sentimientos. En tu reino, porque así lo quisiste, sólo reina... el silencio.


¿Dije para hablar contigo? ¡Qué ilusa!¿Cómo me va a contestar el silencio?


Malena

viernes, 23 de noviembre de 2007

Viejo amigo


Amaneció triste el día y el cielo se cubrió de nubes que derramaban sus lágrimas.

Lentamente... Pausadamente... En silencio... sin decir nada. Respetuosamente.

Y te ví como marchabas con la sonrisa en tus labios. Como siempre. Sin molestar. Levantando la mano diciendo adios y seguiste tu camino.

Un camino lleno de rosas, de dulces haikus y ternuras y un canto que la lluvia iba ensayando, pero que a tí, mi viejo amigo, ya no te mojaba.


In Memoriam






Malena

jueves, 22 de noviembre de 2007

El árbol de la luna llena (El viejo roble- 2ª parte)


Y de pronto se hizo el silencio. El viejo árbol dejó de bostezar e intentó ponerse erguido, pero sus raices ya estaban ocupadas por multitud de hadas que se habían aposentado en ellas como si fuesen el más cómodo asiento.


El viejo árbol se puso a escuchar. Durante su larga vida había asistido como oyente de excepción a todas las reuniones de aquellos pequeños seres.

Él también fue un joven árbol con fuertes ramas, de las que salían con frondosidad bellas hojas que lo hacían sentir seguro de sí mismo.

Y como joven aprendió a soñar. No sabía bien cierto con que soñaba, ni con quien, pero sabía que su joven corazón hecho con una mezcla de madera, savia y clorofila,latía a veces apresuradamente, esperando que le sucediera algo que justificara su excitación.

Y un día pasó. La noche fue extendiendo su manto para que se pudieran acomodar las estrellas y como una esfera redonda y plateada fue aposentandose una hermosa luna llena.

Un murmullo suave como de batir de alas se adueñó del claro del bosque donde habitaba el joven árbol, y pequeñas luciérnagas lo iluminaron.

Sorprendido y excitado, abrió la boca, cuando sobre sus hojas empezaron a posarse y a columpiarse pequeñas hadas de diferentes colores.

Hablaban, reían y volaban alrededor de él. Todas no. Todas menos una que se quedó sentada en una rama muy cerca de él. Le miraba, le sonreía y con sus pequeñas manos acarició aquel tronco que se estremeció por primera vez.

No hubieron palabras . Sólo una sensación de paz y alegría, llenó aquel corazón de madera, que se rindió ante aquella diminuta forma que le contemplaba, con la más tierna mirada que pudiera haber imaginado alguna vez.

Comenzó la reunión y también acabó. La luna se fue retirando y el sonido del batir de alas fue perdiendo intensidad hasta desaparecer.

El árbol cerró los ojos. Se abrazó con sus ramas y suspiró profundamente. En sus retinas había quedado la pequeña imagen de un hada que le había acariciado y que año tras año, en las noches de luna llena, aparecia para amarlo otra vez.


Malena

martes, 20 de noviembre de 2007

Noche en la Alhambra


La noche está estrellada y huele a jazmín en los jardines de la Alhambra. Se oye a lo lejos el rasgueo de una guitarra que llena la noche.

Notas que aman y lloran. Notas que se van deslizando suavemente por los salones árabes, acariciando a cada una de las columnas. Llegando hasta el Patio de los Leones y mezclándose con el agua que cae de las fuentes.

Noche de encanto que hace revivir mil historias que allí sucedieron y que se repiten cada noche en sus salones vacios.

De pronto, una voz se une a la guitarra. Una voz quebrada por el sentimiento que se mezcla con los jazmines y azahares.


En uno de los jardines, se va divisando una figura. Una sombra de mujer a la que sólo le alumbra la luna. Vestido negro largo con volantes, que acarician sus pies.


Claveles rojos en el pelo y un mantón que juega con sus brazos desnudos. Brazos que va elevando al compás de la voz y de la música que el aire le trae.

Sus pies inician un suave taconeo y su cuerpo se va cimbreando mientras sus manos parecen querer coger la luna.


Junco que se dobla, que se yergue, que domina, que acaricia y que llora.


Guitarra, cante y baile se han unido.


En la noche mágica y estrellada de Andalucía... se oye una zambra.



Malena

domingo, 18 de noviembre de 2007

Alas heridas


Hace muchos años, que oí en boca de mis padres una canción que se me quedó grabada en la memoria porque imaginé palabra por palabra lo que decían aquellas notas.

Más o menos era así: "La paloma que en sus alas lleva la señal del plomo que la hirió, muestra al aire su tristeza y su dolor".

No puedo evitar cada vez que la recuerdo, sentir una gran congoja en mi alma. ¿Quién no se ha sentido alguna vez como esa paloma? ¿Quién no ha seguido a pesar de la herida, volando?

Volando, pero esperando que unas manos la tomen y con caricias y con cariño le curen las heridas.

No me pregunteis el por qué, pero hoy me siento yo como esa paloma y necesito que unas manos me tomen parando ese vuelo desorientado y me digan: Malena, ven aquí corazón, que nadie te hará daño.


Malena