miércoles 16 de diciembre de 2009

Navidad en el claro del bosque.

Mis queridos compañeros y amigos: Un año más en el que nos reunimos Elsa (Los Viajes de

Elsa), Avalon y Etinarcadia(Calle Quimera) y este pequeño Tintero de China, para desearos una

feliz Navidad.

Que el Niño Dios derrame sus bendiciones sobre vosotros y vuestras familias.

Con todo nuestro cariño: Elsa, Avalon, Etinarcadia y Malena.
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Amanece y el sol va traspasando las copas de los árboles para iluminar un día más el claro del bosque. Este claro del bosque en el que comienza poco a poco la vida.

Las plantas parecen pequeños toboganes por los que se desliza el rocío matutino que salta gozoso sobre la tierra. Los pájaros intentan con cuidado abrir sus alas mientras ensayan los primeros gorjeos de la mañana sobre las ramas.

Uno, dos, uno, dos, así comienzan con decisión dos pequeñas ardillas que después de haber peinado sus coquetas colas, van dispuestas a buscar si es que la encuentran, alguna apetitosa bellota.

Los árboles del bosque se desperezan pidiéndose perdón por los roces y allá en la quietud, el silencio queda roto por el sonido del agua que cae desde la pequeña cascada hasta el remanso del rio donde los patos han comenzado ya sus vespertinas abluciones.

Las flores se van abriendo y su perfume se mezcla con el olor de la tierra húmeda. Un día más en el que los habitantes del bosque seguirán con sus labores diarias.

Ya hay movimiento. Los duendes y los gnomos van y vienen limpiando el suelo de las hojas caidas, y a veces se paran sentados sobre un tronco para contarse los mil y un chismes a los que son tan aficionados.

El sol sigue su camino y ahora es el pequeño prado el que se ilumina haciendo lucir la hierba con un verde más intenso.

La vida en toda su bella explosión se manifiesta en el bosque. Lindos y afanosos animales conviven en paz con personajes salidos de un cuento de hadas.

De pronto, el pájaro carpintero cesa en su toc toc y mira a su alrededor. Algo sucede pero no sabe lo que es. Las ardillas, los patos, los blancos conejos, las afanosas hormigas, los duendes, los árboles y hasta el sonido de la cascada cesan de hablar.

Las flores abren más sus pétalos y la hierba se estira para observar mejor. Suavemente, sin ponerse de acuerdo empiezan a caminar. Siguen hacia el camino donde las lianas se entrecruzan, donde la vegetación es más frondosa. Al camino que bordea el plateado rio desde donde saltan los peces para jugar.

Hay algo cálido en el ambiente y sus pequeños corazoncitos laten conteniendo la curiosidad.

Caminan en silencio, su instinto les hace continuar.

Cerca, muy cerca está el lugar en donde los humanos guardan a las ovejas.

Ya llegan, la comitiva de ardillas, conejos, hormigas, pájaros y duendes detienen su caminar. No hay ovejas, no hay pastores. Entran y allí en el establo, rodeados por una mula y un buey, una joven madre sostiene en sus brazos a un pequeño infante que sonríe, mientras el padre adelanta su mano para que se acerquen.

Patos, gnomos, conejos, ardillas, hormigas y pequeños ratones, sonríen al ver al Niño. Ellos no lo saben, pero al claro del bosque...había llegado la Navidad.


MALENA








Un árbol yace dormido

entre paredes de plata,

de rojo será vestido,

de estrellas y de esperanzas,

lucecitas de colores,

que iluminarán la estancia,

titilarán cada nombre

que esté ausente en cada casa,

y en la nuestra cantarán

con colores tu semblanza:

De verde por tu campiña

Icono de la distancia,

En amarillos tu risa con piedrecitas de nácar,

Granate tu corazón, palpitando la añoranza

O queriendo atravesar ese mar que nos separa

Un árbol yace dormido

entre paredes de plata.

Cuando el Niño se despierte

hará un hueco entre la paja,

para acercarte esa noche,

la Nochebuena dorada.



ELSA






Pocas semanas antes, lejos, muy lejos de allí, en las inhóspitas tierras del norte, la nieve caía espesa cubriendo de blanco y de calma cuanto encontraba a su paso. El letargo en que se hallaban sumidos los bosques solo se veía perturbado por el viento, que, más inquieto que de costumbre, zigzagueaba veloz entre los árboles como intentando contar algo, pero con tantas prisas que éstos no llegaban a entender lo que decía, y tal desasosiego les producía que veían importunado su descanso invernal. Al fin, un día habló el gran Fresno, el árbol de la vida, Yggdrasil el sabio, el sustentador de los nueve mundos, el que conoce lo que ha sido hecho, lo que se hace y lo que se hará, el que es la morada de los dioses y los hombres, de los animales, de las piedras... De todo lo que está vivo y muerto.

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“Sabed que pronto nacerá un niño que tomará mi lugar en el universo. Yo ya era en el principio de los tiempos, mi carga es pesada y ha durado eones. Ha llegado la hora del Otro, del que está designado desde siempre. Todas las criaturas de los nueve mundos están convocadas para presentarle sus ofrendas el día de su nacimiento, que ocurrirá pronto. Uno de vosotros deberá ir en representación de los árboles del norte a llevarle nuestro presente, uno de los frutos que dan mis ramas: una estrella de la bóveda celeste. Puesto que el natalicio tendrá lugar en el otro confín del mundo deberá ser alguien con suficiente fuerza y resistencia para soportar el viaje, y cuyo porte hermoso nos represente dignamente. Tú, abeto.

El abeto, orgulloso de que la elección hubiese caído sobre él y dispuesto a cumplir su cometido costara lo que costara, se puso en marcha. Durante semanas escaló montañas altas y bajas, suaves y escarpadas, cruzó estepas áridas y algunas herbosas, bosques pelados y bosques frondosos, tumbado sobre su tronco se dejó arrastrar por las corrientes de ríos y mares... Y cuando llegó allí donde el desierto comienza, sintió desfallecer sus fuerzas ante aquellos océanos inacabables de arena abrasadora. Muchas de sus raíces, antes fuertes y numerosas, se le habían ido quedando, rotas o astilladas, en senderos pedregosos , y las pocas que conservaba estaban debilitadas y doloridas de tanto andar, sangrando gotas de savia que se le escapaban por la numerosas grietas y heridas que se había ido haciendo tanto en ellas como en tu tronco, antes erguido, robusto, vigoroso, ahora encorvado, consumido por el cansancio y la humedad de las aguas atravesadas hasta llegar allí, que empezaba a pudrir su interior. Se sintió incapaz de atravesar la desolación inmensa y amarilla que se extendía ante él... A su memoria acudieron sus tierras del norte, el frío vivificador, los pardos terrones esponjosos cubiertos de hierba tan verde como los exuberantes bosques habitados por sus hermanos... Y lloró. Lágrimas de resina corrían por sus ramas y resbalaban por su tronco para ir a enterrarse en las ávidas y resecas arenas del desierto.

En ese momento la estrella que transportaba en la parte superior de su copa centelleó. El abeto recordó el compromiso adquirido, suspiró profundamente y continuó su marcha. Caminó kilómetros y kilómetros bajo un sol implacable que parecía devorarlo todo, enceguecido por la luz que reflectaban las dunas, asfixiado por la extrema sequedad del aire... Pero consiguió atravesarlo y llegar, con las escasas fuerzas que le quedaban, a Belén.

Ya a la caída de la tarde, la estrella, que le había ido guiando en todo momento, dirigió sus pasos a un hermoso y verde bosque tapizado de flores. Un riachuelo discurría por su suelo como una herida abierta en él, y por sus márgenes avanzaba una comitiva de animales que se dirigían hacia un establo en que dormitaba un bebé acompañado de sus padres, una mula y un buey, para ofrendarle todos los frutos de la floresta. El abeto admiró el perfume y el colorido de aquellas flores, la majestuosidad de los robles, la elegancia de los abedules, la delicadeza de los sauces, la exuberancia de la vegetación... y vio reflejados en las aguas del río su tronco reseco, las escasas ramas que le quedaban... A duras penas se reconoció. Tan lastimoso era su aspecto que, avergonzado de él, decidió esperar a la noche, a que hubiese pasado por el establo el último de los animales para así no ser visto por nadie.

Solo en esos momentos se decidió a entrar. Dobló trabajosamente su tronco y se dirigió al niño.

- Vengo de las lejanas tierras del norte a traerte el regalo de los árboles: esta estrella, uno de los frutos de Yggdrasil. El viaje ha sido largo, y muy duro, quisiera poder cogerla con mis propias ramas y ponerla a tus pies, pero ya ves que ninguna de las pocas que me quedan alcanza a la más alta, donde el Fresno la colocó...

El pequeño lo miró y le sonrió. Su sonrisa no solo era una caricia, una promesa y una bendición, sino también una puerta a la eternidad, y sus ojos parecían tener el poder de horadar el tronco del abeto hasta llegarle al mismísimo corazón. El árbol sintió que aquella criatura conocía su cansancio infinito, la vergüenza por su ajado aspecto, que tanto contrastaba con la belleza y el esplendor de la vegetación circundante, la pena y la añoranza de sus hermanos del norte, de la nieve, de todo cuanto sabía que jamás volvería a ver. Y en aquellos momentos, justo después de que el niño volviera su vista al cielo, empezaron a caer gruesos copos. Al oír el familiar roce contra el suelo el abeto salió precipitadamente del establo, y, subyugado por el milagro que se desarrollaba ante sus ojos, olvidó dónde estaba. El bosque enteramente cubierto por aquella capa blanca le hizo sentirse por unos momentos en casa, y, lleno de paz, se tumbó sobre el ahora blando suelo. Ni siquiera se había dado cuenta de que aún conservaba la estrella de Yggdrasil en su rama más alta, y con ella quedó dormido sobre la nieve.

CALLE QUIMERA



Un árbol yace dormido

entre paredes de plata,

de rojo será vestido,

de estrellas y de esperanzas....

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Navidad es el tiempo para la nostalgia de cuando niño corría por el cielo, y creciendo se perdieron las estrellas, que iluminaban de ilusión el porvenir.
De mayor nace la esperanza con los hijos compartiendo la ilusión de iluminar el firmamento con la luz de su cariño, y el cielo reencuentra su belleza, cubriendo al mundo de esperanza en el mañana.. de paz solidaria entre los pueblos. y amor

ADOLFO PAYES


¡FELIZ NAVIDAD DESDE LO MAS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZON!

ELSA, AVALON, ETINARCADIA,MALENA,TUCCITANO, LA GATA COQUETA RAQUEL LA MEVA VEÏNA, ANA MORGANA,AZUL, WARA,MUCHA DE LA TORRE, FEDE, NOVA,PROMETEO, ADOLFO PAYES,FERNANDO GIUCICH,

martes 8 de diciembre de 2009

Amanecer.


Abrí los ojos... justo en aquel momento en el que la noche se despide besando a la mañana... La paz y el silencio se habían instalado en mi habitación.

Sentí su presencia a mi lado... no le miré pero sabía que hasta él había llegado también la luz del alba...

Cerré mis ojos y dejé que sus manos acariciaran mi espalda. Suavemente... con delicadeza... para no despertarme del sueño en el que me creía imbuida. Como el que tiene miedo de romper algo frágil...

Le dejé hacer, sin moverme, fingiendo el sueño que ya había huido y cada caricia era como un susurro que me hablaba con ternura de toda una vida compartida...

Silencio...me volví poco a poco ... tomé su rostro entre mis manos y muy bajito, mirándole a los ojos, solo le pude decir:Te quiero...

Malena

A mi marido, compañero, amante y amigo.

domingo 29 de noviembre de 2009

Buscando una quimera. (Punto y final)


.......No pregunté nada porque veía la decisión en sus actos y me dejé llevar. Caminamos en dirección a las casas que alegraban la vista, pues sus puertas y ventanas eran de vivos colores, y al llegar, mi pequeño gnomo empezó a saludar a sus habitantes.


La señora Ailish, la carnicera, con su coqueto gorro en la cabeza y su delantal blanco salpicado de flores, levantó la mano detrás del mostrador saludándonos. Al lado de la carnicería había otro establecimiento y sobre su puerta un rótulo en el que se leía: “Botica” y dentro en unas estanterías de madera se distinguían potes de porcelana blanca en las que estaba escrito con letras azules el nombre de las diferentes medicinas y allí Shawn, el boticario, preparaba las fórmulas magistrales que le había encargado el doctor Etinarcadia. Aquel a quien todos querían por su forma de tratar a los enfermos.


Junto a la plaza, donde una pequeña fuente lanzaba cinco chorros de agua que subían y bajaban caprichosamente, los niños jugaban a las canicas o al corro con la linda profesora Avalon que jugaba con ellos como una niña más.


La tarde está cayendo y Kearan enciende los candiles que alumbran la taberna dándole ese sabor mágico y especial que hace que las charlas sean amenas e interesantes y en la que todos participan.


Los niños se recogen mientras el agua de la fuente sigue con su juego y los pájaros dejan de cantar para empezar su sueño en las ramas de los árboles que rodean la plaza.


Las luces de las tiendas se van apagando y el humo de las chimeneas anuncia que las cenas ya se están preparando.
Todos se van despidiendo y solo se oyen las voces de los parroquianos que van a hacer su charla en la acogedora Taberna del Irlandés.


El sol se pone y las farolas se encienden una noche más, en Calle Quimera.


Malena

martes 24 de noviembre de 2009

Buscando una quimera.




Desde que comenzó la historia, ayer, en la noche de los tiempos, el hombre ha querido seguir siempre una senda que le llevara a conseguir un sueño, una quimera.

Esta historia que os voy a relatar es pura ficción, pero… ¿quién dice que no puede existir en realidad un lugar especial cuya calle principal se llame Calle Quimera?

Yo la encontré hace tiempo y es un lugar encantador, por eso este relato está dedicado a Avalon y a Etinarcadia: Calle Quimera.
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El sol entrando quedamente a través de las cortinas, ha venido a iluminar mi habitación, mientras un pequeño rayo se ha depositado en mi rostro saludándome con un risueño: ¡Buenos días! He apartado la sábana y mientras me ponía las zapatillas, estiraba mis brazos desperezándome.

El día es espléndido y creo que ayer por la noche lo presentía, porque sobre mi pequeño sillón había dejado preparados mis tejanos, mi sudadera y mis bambas.

Una ducha rapidita, un estimulante café acompañado de tostadas con mantequilla y … allí estaba yo, en la puerta de mi casa dispuesta a hacer una buena caminata.

¿Nunca habéis sentido como si algo o alguien os empujara a hacer algo que no estaba en vuestros planes? Yo sí lo sentí. Era algo que me llenaba el corazón de una mezcla de esperanza, ilusión y alegría y yo… me dejé llevar por ese “algo especial”.

Miré a mi alrededor y me fijé por primera vez en una senda que no había tomado nunca pero que hoy me atraía de tal forma que decidí ir hacia ella.

El suelo lleno de hojas pregonaba con voz cálida que el otoño había llegado. Rojos, amarillos y verdes servían de alfombra a mis pies mientras iba caminando. Los árboles hablaban unos con otros contándose las incidencias del día anterior y yo callaba para no interferir en su charla.

Caminando, caminando, llegué al claro del bosque. Era encantador. Al lado de un viejo roble, las ardillas, las setas, los conejos y las hormigas planeaban sus actividades para el día que había comenzado.

Estaba tan absorta mirándolos que no me di cuenta de que unos metros más allá, había casas de las que salían por las chimeneas olor a leña quemada. ¿Qué podía ser aquello que jamás había visto? Me lo estaba preguntando cuando noté que algo me tiraba de la sudadera. Una presión que no podía identificar, hasta que miré hacia abajo y mis ojos se abrieron con incredulidad.

Encima de una pequeña roca que había a mi derecha, un ser pequeño con chaquetilla verde y pantalones marrones sobre cuya cabeza reposaba un gorro puntiagudo, me observaba fijamente poniendo una sonrisa en sus labios y dándome la mano me saludó con un ¡hola!.

(Continuará...)


Malena

miércoles 18 de noviembre de 2009

Mirando tus manos.


El sol va desapareciendo por detrás de las montañas...El cielo se viste de tonalidades naranjas, recién salidas de la paleta del más exquisito de los pintores, y mientras, la habitación va quedando en penumbras.

Silencio. Tú y yo. Tu mirada queda prendida en la mía y tus manos van acariciando el teclado, dulcemente, como en una suave caricia mientras me quedo recogida en el sillón.

Suena el piano y siento que me vas envolviendo. Miro tus manos fuertes y a la vez delicadas que tantas veces me han acariciado, y que ahora lo hacen con esas notas que poco a poco van deslizándose por mi cuerpo.

Sé que en estos momentos no estás aquí. Te conozco lo suficiente como para saber que te has convertido en melodía que se expande más allá de las cuatro paredes del salón.

Yo también me transformo para acompañarte y en ese delicado espacio, tus notas me abrazan y hacen volar.

Tu cuerpo, el mío. Tu alma, la mía. Juntos en esta maravillosa serenata.

Abro los ojos, las estrellas ya brillan en el firmamento. Tu mirada se prende nuevamente en la mía mientras tus manos cansadas, acarician sobre el piano... las últimas notas de la melodía.


Malena

viernes 6 de noviembre de 2009

Nocturno africano.


Llega la noche al desierto, dejando la luna sobre las arenas, reflejos de plata. Hay calma absoluta. El viento ha hecho un pacto con la noche y deja su ulular hasta el día siguiente. Las palmeras del oasis, quietas, guardan un respetuoso y mudo silencio.

Fragancias de jazmines y azahar bañan el aire, como una ofrenda lejana a este lugar. Rumores de voces que acarician el oído, van y vienen, sin haber personas que las emitan. Y en el cielo, una a una, las estrellas van cayendo serenamente sobre el desierto, en forma de lágrimas.

El firmamento queda vacío y las arenas que han recibido tan bello presente, se humedecen y transforman las dunas en una acogedora jaima.

La misma jaima que allí existió. La jaima que recibía cada noche a los amores y deseos prohibidos. La que sabía de abrazos y besos que se eternizaban en la noche.

La que cuando los primeros rayos del sol entraban a saludarla, entornaba los ojos y miraba con delicadeza las caricias de los amantes.

Pero una noche de improviso, apareció la realidad. Extendió como una red sus brazos y la armonía, los sentimientos, las caricias y los abrazos de aquellos amores fueron desapareciendo bajo los efectos de su frio y cruel contacto.

El viento levantó su fuerza en una tormenta de arena y las palmeras enfurecidas elevaban sus ramas pidiendo explicaciones a la noche.Y aquella jaima que fue nido de tantos amores, se fue deshaciendo lentamente en brazos del viento.

Pasó la tormenta. Las palmeras callaron. Pero cada noche, como un rito sagrado, el viento no ulula, las palmeras guardan respetuoso silencio, la fragancia de jazmines y azahares inundan el aire y las estrellas, una a una, caen sobre la arena en forma de lágrimas, como el mudo homenaje que hace la creación a los viejos amantes.


Malena

martes 3 de noviembre de 2009

Noches de blanco satén.


Evidente. Es evidente que nadie me conoce mejor que yo misma, para bien o para mal, porque de esta forma no puedo engañarme. Cada día que pasa nos movemos por unas costumbres o unos ritos. En este caso yo diría que rito.

Rito es que cuando llega la hora de despedirnos del día, me meto en la cama y tomo el libro de turno esperando que así me llegue el sueño y que dicho libro se me vaya cayendo de las manos para al segundo, volverlo a levantar. En ese momento le doy un beso de buenas noches a mi marido y apago la lamparita de mi mesilla de noche.

Hasta aquí todo está bien, pero hay alguna noche que no sucede lo mismo y mientras estoy leyendo, mis piernas empiezan a moverse. Primero suavemente, como quien no quiere la cosa, y luego en plan marcha militar con banda de música incluida. Entonces sé que la noche no va a ser tranquila.

Mi marido apaga a su vez la luz y al cabo de unos minutos comienza la "Serenata en Mi mayor", es decir, empieza a roncar. Yo le muevo ¿suavemente? pero a la tercera vez sé que no voy a conseguir nada y como empiezan a llegar los invitados, prefiero irme al salón y estirarme en el sofá.

¿Invitados? Sí. Primero llega a presentarse el pensamiento que ha estado rondando, esperando el momento para hacer acto de presencia y se presenta. Normalmente es alguna preocupación que va quitándote el sueño y por solidaridad van saliendo más y más y entonces es cuando me puedo olvidar de dormir enseguida.

Como ya los conozco de hace tiempo y para que no hayan más problemas, he puesto en la puerta del salón un aparatito de aquellos de coger número y que hagan cola porque si no se pelean entre ellos.

A esas alturas de la noche,me parezco a Gemma Mengual en un ejercicio de natación sincronizada. Un pensamiento, una preocupación, proyectos, todos se dan la mano.

En esto que mi marido se levanta y como sabe donde buscarme cuando desaparezco, viene al salón y me pregunta:¿Hay muchos invitados, Malena? Yo, le sonrío porque sé lo que me va a decir a continuación: "Vente a la cama que te abrazaré y te irás durmiendo" y yo, me levanto docilmente y haciendo un corte de mangas a las preocupaciones, me voy a intentar que la noche sea "de blanco satén".


Malena