
Voy caminando lentamente, pisando las hojas que la lluvia ha tirado de los árboles... Rojos, marrones y amarillos se confunden con la tierra mojada.
No es una lluvia fuerte... lo suficiente para no coger el paraguas y la necesaria para que se mezclen con mis lágrimas...
No es una lluvia fuerte... lo suficiente para no coger el paraguas y la necesaria para que se mezclen con mis lágrimas...
No quisiera pensar, pero los pensamientos se desbordan en mi mente haciéndome daño. Hay cosas que mi corto entender no comprende...
¿Cómo se puede pasar del calor al frío de repente?... ¿Cómo la abundancia se convierte en escasez?... ¿Cómo la luz del sol se va apagando quedando sólo el reflejo de la luna?... ¿Así?... ¿Sin más?... Tiene que haber una razón pero que se escapa a este pobre corazón confundido.
Sin explicaciones... Sin palabras... Así pasé del día a la noche. Del verano al invierno. De la ilusión al desencanto...
Meto mi mano en el bolsillo e intento buscar un pañuelo. Lo encuentro pero no lo saco. Lo aprieto entre mis dedos con desesperanza, con desilusión.
La soledad me abraza haciéndome daño y aquel camino que un día estuvo lleno de rosas de Siria, hoy lo han tapizado las hojas amarillas que cayeron.
Acaricio uno de los pequeños troncos y me digo en voz muy baja: ¡ Dios mío, cuanto puede pesar el alma! ...
Malena











