
Amanece en el bosque. El sol envía sus primeros rayos al viejo árbol para darle los buenos días y éste a su vez mueve sus raíces desperezándose y avisando al duende de que comienza un nuevo día de trabajo. Se frota los ojos y después de hacer sus abluciones en el pequeño riachuelo que baja de las montañas, estira su chaquetilla y dando un giro sobre sí mismo, coge su pluma de ave y su libreta y continúa con el inventario que parece no acabar nunca.
Cuenta las nuevas hojas que le han salido al joven roble y comprueba subiéndose a él con gran esfuerzo, si las ardillas continúan utilizándolo como alojamiento.
Tres nuevas mariposas han entrado. Sus colores denotan su procedencia. Seguro que se han escapado de la escuela que linda con el bosque. Habrá que hacerlas volver, pero dejémoslas que disfruten de su escapada.
El viejo árbol piensa y sonríe. Las hojas que cayeron de los árboles tienen todavía el rocío matutino y el sol al iluminarlas las hace brillar con irisaciones que a él le traen dulces recuerdos.
Abrazos, caricias que le hacen temblar de emoción. Aún late su corazón cuando piensa en su pequeña hada. Aún la ama como si fuera el primer día y ella le corresponde con un amor sin límites. Se posa en sus ramas un ave de suaves colores y le pregunta si sabe cuándo será luna llena. Tres días y volverán a unirse. Tendrá que acicalarse para Ella. ¿Para Ella? No. Para ellas. ¿Qué secreto guarda el viejo árbol que no ha desvelado?
Los animales del bosque han comenzado su rutina diaria. Las mamás llevan a sus crías a recorrer el bosque. La mamá Doña Pata lleva a sus hijos al pequeño lago. Empiezan las clases de buceo. Meten la cabeza bajo el agua y la sacan corriendo con gran estrépito.
Las ardillas llevan en sus manos provisiones, mientras una larga fila de hormigas camina cargadas hacia el hormiguero.
Y el duende sigue con su inventario y escribe: Cuatro conejos blancos en la madriguera que está al lado de la roca grande. Han salido setas en medio del claro. Y sigue con su trabajo.
El día continúa su curso. El sol está en su cenit. Se oye el rumor de las aguas cayendo entre las rocas y el canto de todo el coro de aves que han invadido las ramas de los árboles.
Y allí abajo, un viejo árbol, va contando con sus ramas: Una, dos, tres noches... entorna los ojos y alrededor, continúa la vida en el bosque...