
Hay veces que no es fácil soñar por multitud de circunstancias, pero me esfuerzo y voy buscando la belleza que me rodea y que en esos momentos no veo. Busco una caja, a ser posible azul como el color del cielo, como el color del mar y allí voy introduciendo todo aquello que toca mi corazón.
Y veo tu cara sonriéndome y la acaricio mentalmente deslizando mis dedos por esas mejillas que tanto amo, y a nuestros hijos que crecieron y de los que me siento orgullosa porque son hombres de bien, porque son generosos, porque tienen un corazón inmenso.
E introduzco esas olas que convirtiéndose en encaje bañan mis pies cada fin de semana, y las gaviotas que vuelan por encima nuestra poniendo esa nota de color en el cielo mientras los pinos se mecen suavemente.
Tomo el atardecer de mi tierra africana, de mi Ceuta añorada, y lo envuelvo en celofanes mientras el sol se esconde por el Atlántico . Las rosas de Siria, los paseos por el parque, el recuerdo de Wiper, las llamadas a mamá por la noche, los poemas que escribió papá, el color de los geranios que alegran la terraza y que tú cuidas diciendome con risas: "este es mi blog".
Mi Viejo Roble... mi claro del bosque..., mi...y sigo guardando todo lo que forma parte de mí y es que a veces, algunas veces... le tengo miedo a la vida.